LATIDOS DE COMPASIÓN
Hay un corazón que no descansa: el que se conmueve ante el dolor ajeno y responde con ternura. Ese es el latido que queremos escuchar este curso.
Compasión no es lástima. Es SENTIR-CON. Es dejar que el sufrimiento del otro nos toque de verdad, y transformar esa emoción en gesto, en abrazo, en presencia.
Es mirar como miraba Jesús: sin apartar los ojos de quien sufre, sin cruzar de acera.
Cada latido es pequeño, casi invisible. Pero millones de latidos pequeños sostienen una vida. Así también, cada gesto de compasión —una palabra amable, una mano tendida, un silencio que acompaña— sostiene un mundo más humano.
Este año queremos que la compasión no sea una idea bonita, sino un pulso que se sienta: en las aulas, en los pasillos, en cada encuentro. Porque un corazón que deja de latir por el otro, deja de estar vivo del todo.
QUE SE NOS NOTE EL CORAZÓN