Design for change

La Metodología DFC

La Metodología DESIGN FOR CHANGE está basada en el Design Thinking y el emprendimiento, sencilla, ágil y efectiva; 100% práctica y fácilmente adaptable a diferentes modelos pedagógicos, tanto en la Educación formal como no formal.

La puesta en práctica del proceso permite diseñar soluciones a retos concretos y desarrollar competencias como la empatía, la creatividad, el trabajo en equipo, el pensamiento crítico, o la comunicación. Las personas adultas facilitan el proceso; que niños, niñas y jóvenes protagonizan y lideran.

La Metodología DFC está reconocida por la Universidad Complutense de Madrid como una herramienta que facilita el empoderamiento de la infancia y la juventud. Asimismo, cuenta con las evidencias científicas de sus beneficios gracias a los estudios de Universidades como Harvard o Stanford.

Un proceso de 5 fases basado en el Design Thinking que provee de herramientas para desarrollar competencias a través de la resolución de retos. Las personas formadas en DFC la aplican y adaptan según sus necesidades.

DFC propone un cambio de mirada: del docente al alumnado, y viceversa; de persona a persona; a la misma altura; así se facilita la escucha. Implementando la metodología DFC se introduce la creatividad y el diseño en los centros educativos y organizaciones para que niños, niñas y jóvenes sean protagonistas de sus propias historias y desarrollen las competencias del siglo XXI a través de la resolución de retos: empatía, creatividad, trabajo en equipo, pensamiento crítico y liderazgo compartido; y, sobre todo, aprender a aprender. Así, se convierten en agentes de cambio.

Una vez seleccionado el reto, la clave es que, frente al problema-solución al que estamos acostumbrados, se emprende un proceso, donde se sistematiza la observación, la participación colectiva y la reflexión, a través de sucesiones de divergencias, convergencias y síntesis. 


Durante el proceso DFC, y siempre en grupo, cada niño, niña o joven siente qué le preocupa de la temática propuesta y, mediante una sucesión de divergencias, convergencias y síntesis, todos juntos eligen un foco de acción común, que luego transforman en un reto; a continuación, cada cual imagina soluciones que se ponen en común a través de un brainstorming, eligen una entre todos, la prototipan, comparten el resultado con otros grupos y aprenden la importancia de dar y recibir un feedback correcto; una vez terminado, el alumnado actúa elaborando un plan de acción, es decir, no quedándose en el “hay que” o en los conocimientos teóricos; después, reflexiona sobre lo aprendido y evolúa (o dicho de otra manera: evaluación + evolución); y finalmente, comparte con el mundo el resultado de la experiencia.


Durante el proceso DFC, y siempre en grupo, cada niño, niña o joven siente qué le preocupa de la temática propuesta y, mediante una sucesión de divergencias, convergencias y síntesis, todos juntos eligen un foco de acción común, que luego transforman en un reto; a continuación, cada cual imagina soluciones que se ponen en común a través de un brainstorming, eligen una entre todos, la prototipan, comparten el resultado con otros grupos y aprenden la importancia de dar y recibir un feedback correcto; una vez terminado, el alumnado actúa elaborando un plan de acción, es decir, no quedándose en el “hay que” o en los conocimientos teóricos; después, reflexiona sobre lo aprendido y evolúa (o dicho de otra manera: evaluación + evolución); y finalmente, comparte con el mundo el resultado de la experiencia.

Implementando la Metodología DFC, niños, niñas y jóvenes desarrollan consciencia de que el cambio es posible y de que pueden liderarlo. ¡Apuesta por el cambio y atrévete a revolucionar tu aula!