Cada 2 de febrero, la Iglesia católica celebra la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, una fecha especial para reconocer y agradecer a quienes han respondido con generosidad a la llamada de Dios, entregando su vida al servicio de los demás. Es un día para detenernos, mirar con gratitud y valorar una vocación que, silenciosamente, sostiene, acompaña y transforma.
La vida consagrada es testimonio vivo de fe, esperanza y amor.
A través de la oración, el servicio y la entrega diaria, las personas consagradas se convierten en signo de la presencia de Dios en medio del mundo, especialmente allí donde más se necesita consuelo, educación y acompañamiento.
En este día tan significativo, queremos expresar un agradecimiento especial a nuestras Hermanas de Nuestra Señora de la Compasión.
Su vocación, vivida con coherencia y alegría, es un regalo para nuestra comunidad educativa.
Con su cercanía, su ejemplo y su dedicación cotidiana, siguen sembrando valores, iluminando caminos y formando corazones.
Vuestras vidas son luz que orienta, palabra que anima y presencia que sostiene. Gracias por recordarnos, con gestos sencillos y constantes, que la compasión, el servicio y el amor al prójimo siguen siendo el centro de nuestra misión.
Que esta Jornada Mundial de la Vida Consagrada sea también una oportunidad para renovar nuestro compromiso como comunidad, reconociendo y cuidando este testimonio tan valioso que nos inspira a vivir con mayor profundidad y sentido.